Notas de mis desencuentros con Hitchcock

 

Strangers on a Train 

(1951, Alfred Hitchcock)
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Mis problemas con Hitchcock no vienen de ahora. Desde los comienzos de mi cinefilia he mediado con un fuerte debate interno sobre por qué no encuentro gran parte de las películas del cineasta británico tan maravillosas como tantas y tantas personas afirman que son. Entiendo el fanatismo que generan sus formas narrativas, sostenidas al 90% sobre la fuerza de la imagen, sin embargo, me cuesta mucho tragar con el necesario toque de ingenuidad que demandan la gran mayoría de sus obras. En "Strangers on a Train" detalles como el trauma del asesino que se activa al ver una mujer con gafas, truco que no resulta en absoluto natural sino increíblemente subrayado para que el espectador pueda seguir el hilo sin necesidad de revolverse las ideas, me genera un rechazo natural que me es imposible evitar. Mientras que en obras posteriores del director, de una estética 'kitsch' colorida, las citadas pistas narrativas me encajan más con el estrambótico mundo que las rodea (pienso en ejemplos obvios como "Vertigo", "Rear Window" o la infravalorada "Frenzy"), en estos ejercicios más sobrios en blanco y negro su presencia me resulta más antinatural y absurda. Haciendo una comparación un tanto ligera, reconozco que me decanto mil veces antes por la forma de retratar mundos y personajes oscuros de la etapa americana de Fritz Lang.



Under Capricorn 

(1949, Alfred Hitchcock)
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Su puesta en escena me cautiva desde el primer momento, con esa Australia colonial color pastel y tan teatralizada. La ligereza con que la cámara acompaña a los personajes, un rasgo habitual del cine de Hitchcock, suma aún más encanto al apartado visual de la obra, además de un toque de modernidad. Qué pena que la trama sea tan pobre y esté tan estirada de forma innecesaria. Las claves de esta historia se sostienen sobre escenas de monólogos pronunciados por el personaje que interpreta Ingrid Bergman que resultan absolutamente desesperantes, a la vez que entorpecen cualquier posibilidad de mantener el ritmo narrativo.


The Man Who Knew Too Much 

(1934, Alfred Hitchcock)

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Supongo que lo mío con Hitchcock ya es personal, pero no encuentro en esta intriga nada intrigante. "The Man Who Knew Too Much" carece de casi cualquier pulso o nervio narrativo, y la evolución de su trama se construye exclusivamente a través de una serie de secuencias que resultan excesivamente largas y en las cuales el diálogo es el único protagonista. Es, además, una película compuesta sobre herramientas narrativas muy pobres y rudimentarias, apenas se perciben los trucos visuales que caracterizan al cine de la posterior etapa americana de Hitchcock. Las interpretaciones, como sí es habitual en casi la totalidad de su obra, son sosas y mecánicas, no creo que en este caso se salve ni el bueno de Peter Lorre. Hay un aura de adoración sobre la mayoría de las películas del director británico que cuanto más me sumerjo en su obra más me cuesta comprender.


©Alfonso Cañadas, marzo de 2026

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